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Callejón del Alivio
Ya no llueve y sale el sol, doce tiras para hoy canta el ciego de la esquina. Dan las diez en el reloj asmático y anciano del comedor de la pensión del callejón, del alivio. Pasa una señora mayor y lentamente se disuelve por un pasillo infinito y bicolor, blanco y negro. Callejón del alivio, quién te ha visto y quién te vio, callejón del alivio. Hay un gato en el balcón, el invierno se acabó y llegó la primavera, menos mal. Se oye una televisión, sombras en el callejón, huellas en la carretera. Y en la calle el público pasea, se estremece y se marea, se consuela con vivir dignamente. Y sólo en la pensión del callejón del alivio el tiempo nunca pasa y casi siempre son las diez menos cuarto, más o menos, qué curioso, callejón del alivio, hay un gato en el balcón, callejón del alivio.
Javier Bergia: guitarra acústica de seis y doce cuerdas, cistro, percusión, voz/Fredi Marugán: guitarra española/José María Climent: Violín/Carlos Beceiro: bajo/José Luis Escribano: tabla Melina Liberati: voz
A Descerrajar
Dentro de la casa cerrada, el recuerdo del calor humano, de la vida no queda nada si quemamos las horas en vano. Hoy todo se torna distinto, la mirada se viste de frente, el calor se disfraza de frío declarando la guerra a la gente. A descerrajar, a descerrajar, a descerrajar, a descerrajar. Las ideas que siguen ausentes agonizan de pie lentamente y a pesar de los días brillantes, la ciudad se consume invidente y los rostros que falsos brillaban hoy se apagan por fin grátismente, qué esperabas ingenua monina, una bala de fe transparente. A descerrajar, a descerrajar, a descerrajar, a descerrajar. Se acabaron los bares de moda y la estúpida sed de la gente, es ridícula toda esa masa, sin cabeza, ni pies, deprimente. Dónde vas Alfonsina querida si te empeñas en ser diferente. No te creas que ya no te quiero, es que no te los pude traer.
Javier Bergia: guitarra acústica, percusión, voz/Antonio Toledo: guitarra eléctrica/José María Climent: cornamusa/Carlos Beceiro: bajo fretless/Rodrigo García: voz
Adiós Madrid
Volar, por encima de los tejados, cuando suenan las cien campanas, anunciando que son las cinco, a grito seco y limpio, millones de corazones heridos, soñando que están despiertos, dormidos; entre los árboles del fondo. Se evaporan los primeros charcos del invierno tenue; como el silbido del tren de hierro crudo. Recuerdos encerrados en un cajón a presión, en un armario muerto de miedo. Como todo lo que ya no tiene interés ni sentido. Por eso es lamentable que tú te hayas ido. Volar.
Javier Bergia: guitarra acústica, voz/José María Climent: mandolina/Javier Paxariño: flauta travesera en sol/Carlos Beceiro: bajo fretless/Cristina Mimiaga: voz
Un caso de Mala Suerte
Te recuerdo que jugabas con la muerte al ajedrez y curiosamente perdías una noche fría de marzo. Por entonces la vida te dio ya varios reveses por meter el dedo en la sopa. A pesar de todo y después de tanto tiempo creo que sigues en un valle de esperanza y problemas y hay muchos como tú, tantos como tú, sin nada igual que tú, tan pobres como tú. Ahora es imposible dar marcha atrás y además el futuro que viene es borroso e incierto. Poderoso caballero es don dinero y es necesario para jugar con el fuego. Hay gente que habla de libertad, ellos si pueden elegir de lo mejor lo más bueno y hay muchos como tú, tantos como tú, sin nada igual que tú, tan pobres como tú. No hay nada previsto para ti y si lo hay no puede ser nada bueno. Nadie más que la luna te contempla, posando para ella y pasando frío en un banco. A los ojos de la gente, tú eres el ejemplo que habría que evitar, un caso de mala suerte y hay muchos como tú, tantos como tú, sin nada igual que tú, tan pobres como tú. Que será de ti, dónde irás a dar, si nadie se hace cargo de tu vida, solo en un cenicero. Parece increíble que muchos perros, viven mejor que tu y ellos no tiene la culpa. Lo que más me duele es tu mirada blanca que inevitablemente se me clava como mil puñales, y hay muchos como tú, tantos como tú, sin nada igual que tú, tan pobres como tú.
Javier Bergia: guitarra acústica, percusión, voz/Luis Delgado: zanfona, mellotrón/Antonio Toledo: guitarra eléctrica/Eduardo Laguillo: sarod/Marcos Barcena: whistle/Carlos Beceiro: bajo/
Pedro Blanco: flauta de cerezo/Ismael Serrano: voz/Pablo Guerrero: voz/Luis Eduardo Aute: voz
Alhambra
Quiso Mohamed Ben Alhamar acudir en nombre de la historia, a gozar la vida tras la valla que rodea la preciosa Alhambra.
Alhambra, roja y plateada, Alhambra. Granada, Sierra Nevada, Granada. Sirios, Bereberes, Musulmanes; Árabes, Moriscos y Cristianos; Ashkilula contra Abencerrajes, Nazaríes contra aquellos Trastámara. Granada, Sierra Nevada, andalusí.
Alhambra, roja y plateada, Alhambra. Brillará la estrella del califa
bajo el cielo añil de la Alpujarra y del gran visir Abenhazam
como el corazón de un viejo olivo. Alhambra, roja y plateada, Alhambra. Granada, bella Granada andalusí.
Javier Bergia: guitarra acústica, cistro, percusión, voz/José María Climent: violín/Antonio Toledo: guitarra española, buzuki/Pedro Blanco: arpa/Jaime Medina: mondo tar/María José Hernández: voz/Marcos Barcena: voz
La Canción de Joaquín Nabuco
Joaquín Nabuco de Araujo fue un hombre bueno y muy cabal, Brasil la patria que le vio nacer, también le vio morir. Vivió por una causa igual que Oswaldo Cruz el que aplacó la fiebre de oro que al final enloqueció a los galimpeiros. Luchar contra la esclavitud, propósito incondicional, Joaquín Nabuco defendió con su discurso la igualdad. El mundo es multicolor, sembrar patatas en el mar, criar gallinas en el aire
o cabras en Minas Gerais.
Javier Bergia: guitarra acústica, requinto manchego, cuatro venezolano, percusión, voz/Javier Paxariño: flauta travesera en sol/Wafir Shaikh: laúd árabe/Ismael Sánchez: guitarra acústica /Carlos Beceiro: bajo/María José Hernández: voz/Vicky Luna: voz/Cristina Mimiaga: voz
A Contratiempo
Tienes ya la frente acartonada de tanto navegar a contratiempo,
hay algo de nostalgia en tu mirada, la sombra de un notable aburrimiento. Años de bohemia tan dorados, ingrávidos minutos tan felices, a nadie le dan pena tus pecados, de nada te consuelan los matices y un curioso interés en saber porqué. Será que sin querer, la arena del desierto, llegó a tu corazón, dormido pero abierto. Será que por pasar, los años no han dejado y tal y como ayer, contigo se han pasado y un curioso interés en saber porqué.
No quiero por favor hacerte daño, si acaso por lo menos consolarte, no es todo tan horrible como dices, no hay nada que no pueda repararse. Qué lástima que el pulso de la vida, contigo irremisible se ha cebado, no hay nada como un poco de aire fresco, después de un elixir envenenado y un curioso interés en saber porqué. Tendrás que decidir de hoy para mañana, dejar pasar la luz que aguarda en tu ventana. Verás que sin razón te diste una patada, no pierdas la ilusión, ni un ápice de nada y un curioso interés sin saber porqué. Sabemos que no queda más remedio, fracasos, zancadillas a porrones, si vieras más o menos el promedio del club de solitarios corazones. Se trata de flotar sin marearse, confiarse por la ruta de la seda, la única más corta que nos queda, el tren del que algún día hay que bajarse y un curioso interés en saber porqué. Porque será que así, la vida se hace un bruño, las horas de placer se aferran como un puño. Habrá que adivinar la ruta y el destino, siniestro caminar y a veces no hay camino y un curioso interés en saber porqué.
Javier Bergia: guitarra acústica, percusión, voz/Luis Delgado: guitarra de fado de Coímbra, órgano Hammond, medusa de llaves/Carlos Beceiro: bajo fretless
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Viejas Palabras son Cristal
Fue un encuentro, una coincidencia, el diez y el once que casualidad. Mis gafas empañadas confundían la imagen aparente de tu rostro. Nadie sabe cómo fue, pero así se escribe la historia. Frente a frente y en el mismo vagón, menos mal que tuve esa suerte. Ahora que estoy de nuevo cerca de ti, presiento por un momento, que puedo perder la ocasión de decirte lo mucho que te quiero. Voy buscando tu cariño, voy andando sin pisar, sólo hay ondas en el aire, tropezamos al hablar. Yo padezco de melomanía, cae la tarde por el arenal, tu mano presiona sobre la mía, será un intenso beso digital. Sólo se vive de ilusión una vez y mientras dure todo es bueno. Al fin y al cabo todo es una quimera, por eso yo te quiero. Tu mirada ya no es la de ayer, qué bien; la magia de tus ojos fijos en mi pensamiento mientras el viento mueve tu pelo. Viejas palabras son cristal, el hielo se deshace. Entre los dos tu paraguas de señora; la lluvia nos transforma. Ahora que estoy de nuevo cerca de ti, no quiero perder el tiempo; no quiero perder la ocasión de decirte lo mucho que te quiero.
Javier Bergia: guitarra acústica, percusión, voz/Xavier Macaya: violín/Carlos Beceiro: bajo fretless/María José Hernández: voz/Marta de la Aldea: voz
Caracola
Caracolina, sé que un día aciago he de partir, por la bruma para no volver, a la tierra donde yo nací. Dama de coral, adivino el raso de un crespón, de las olas no bebí jamás y la espuma se burló de mi. Qué dirá de ti el invierno, cuando el huracán infierno, arrasa la piel de la playa; luego se va a nadar. Volveré a buscar, la bahía que me vio crecer, un lucero que al atardecer, solitario acariciaba el mar. Quién te cuidará, hechicera dueña de la mar, donde quiera que se ponga el sol, caracola no te olvidaré. Y podrá decir el viento,
que no hay más razón que el tiempo; de qué me sirvió ser gaviota
si no aprendí a volar.
Javier Bergia: guitarra acústica, midi whistle, percusión, voz/José María Climent: cornamusa/Josean Korral: uilleann pipes/Luis Delgado: ambientes naturales/Carlos Beceiro: bajo/Luis Jover: tubo de pvc en mi
Adoquines y Cornetas
He soñado tantas veces navegar con un velero de verdad. Ser amigo de los vientos, de las olas, las gaviotas y del mar; de la luna que me entrega su reflejo como una diosa protectora. He soñado algunas veces que vivía en una granja avícola. Las gallinas escuchaban las noticias y jugaban al squash; ponen huevos de colores mientras cantan en un coro celestial, es magnífico.
He soñado un par de veces que habitaba en un castillo medieval;
que tenía una sirena, la encontré en unos mares de coral, malherida por las garras de un gigante cormorán, tuve que batirme con él, con mi espada toledana, en tres segundos de noble lucha sin par. He soñado con volver a ver un tren de hojalata y de cristal, que llegaba a la estación de las delicias a la hora de cenar; yo le daba la salida en una orquesta con el himno nacional,
deslumbrantemente, sentimentalmente, gratis mente, mente.
Hace tiempo que no sueño con fantasmas de mentira o de verdad,
ni con túneles ocultos en ciudades de hormigón y de metal.
Ahora sueño que dormía como un tronco agotado de soñar,
con veleros, con gaviotas, con colores nuevos, con castillos, con sirenas, con armadas invencibles, con los mares de coral,
con acero toledano, con cronógrafos de cuarzo, con raíles
oxidados, con los trenes de Polonia, con orquestas medievales, protocolos Papandreu, bosquimanos asociados, adoquines y cornetas.
Javier Bergia: guitarra acústica seis y doce cuerdas, bajo, percusión, voz/Jacob Sureda: piano/Carlos Beceiro: bajo fretless
Un Obsequio del Universo
Ya me he dado cuenta un poco al menos de que nada está claro, no sé sin embargo quién es quién; presiento que nada es igual,
que soy como un beduino en un puñado de arena fina del desierto, que llena un frasco de cristal con un caracol de metal en la cima;
como el silencio guardián de lo poco que sé. Como un barco que no sabe nadar, hace ya algún tiempo que no sé si sueño de mentira o de verdad. Buscando una miga de pan, encontré una esmeralda en el borde del océano sereno, después de rozar tu piel, una brisa templada me llevó de la ciudad; son muchas razones para vivir por ti. Y no debo detenerme, ni ante el temor a la insolencia, contra la fiebre las estrellas, que el universo me llevará por el camino bueno. Sólo en el andén y el día ya se estremece. Parece que la noche se ha fugado con el último tren, juntos, huyendo del sol, deslizándose por un laberinto imposible de perder; peligroso atardecer que siempre acaba en los balcones que guardan amargos recuerdos de una guerra que fuera intensa y cruel. Nadie más que tú, pero nadie más que tú; sabe que nuestro amor reposa en el fondo del mar junto a un bidón radioactivo. Si te hubiera besado y en paz, lógicamente hubiera cambiado el curso de nuestra vida. Justo lo que le falta a esta historia, son esos cinco segundos delante de cada error; esa pequeña garantía obsequio generoso del universo. Y no debo detenerme, ni ante el temor a la insolencia, contra la fiebre las estrellas, que el universo me llevará por el camino bueno.
Javier Bergia: guitarra acústica, percusión, voz/Javier Paxariño: flauta travesera en sol/Juan Alberto Arteche: sitar/Carlos Beceiro: bajo fretless/Manuel Terán: tabla/Cristina Mimiaga: shruti
La Cesta de Manjares
Destaca en la cestita de colores, la lata de sardinas con tomate, tesoro generoso de valores, del mar tan apreciado escaparate. El frente campechano de aquel vino, burlándose del mundo en la fresquera, contando poderoso como es fino, la muerte por el corcho que le espera. Y qué decir del tufo de ese queso, con todo esmero ha sido elaborado, tan duro, tan enjuto, un poco tieso; le han dado ya de alta, está curado. Manchego debe ser por la ranura, al fin y al cabo leche de la oveja, que come pasto, muere y no se queja y dicen que está buena pero es dura. Resalta entre los grandes embutidos, de elogios y virtudes un dechado, no tiene pues defecto el embuchado, de tomo y lomo en todos los sentidos. No todos los jamones son iguales, de pata negra fina y alargada, hay uno con poderes anormales que la naturaleza le ha otorgado. La tierra es una cesta de manjares, porque uno tiene que llegar a viejo. La vida en una lata de cangrejo, buscando paraísos singulares.
Javier Bergia: guitarra acústica, percusión, voz/Jacob Sureda: piano/Carlos Beceiro: bajo/ Luis Degado: efecto de gallo de corral/María José Hernández: voz/Marta
de la Aldea: voz
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Acerca de las Caracolas
Hubo un lugar y un espacio en el tiempo, en el que una hermosa caracola a la deriva, quedó preñada por un océano de dudas profundo e ingobernable y concibió en el fondo espiral e infinito de su ser; todo el universo conocido. Aquél océano, por las dudas se evaporó lentamente, dejando tras de sí un mar de incertidumbre. La caracola, exhausta tras el parto, quedó varada sobre la fina arena de una playa de ensueño y allí, en la orilla, abandonada a su suerte; entregó un último aliento en forma de suspiro. Será por esto que las caracolas custodian en su interior un antiguo rumor de olas.
Javier Bergia a 23 de Septiembre de 2009
Gracias a
La vida que me ha dado tanto (esto es indiscutible).
A Luis Delgado por su inquebrantable amistad y permanente disposición sabia y sin condiciones (toma geroma).
A Fredi Marugan sin cuya paciente asistencia técnica, hubiera sido peliagudo editar este disco (Mac…. vas a recibir).
Ismael serrano -impulsor de este proyecto-, Luis Eduardo Aute, Pablo Guerrero, Rodrigo García, Carlos Beceiro, Antonio Toledo, Jacob Sureda, José María Climent, Javier Paxariño, Eduardo Laguillo, Xavier Macaya, Jaime Muñoz, Cuco Pérez (de la cruá) Gaspar Paya, Víctor Barral, Marcos Barcena, Clara Serrano, Javier Monforte, María José Hernández, Marta de la Aldea, Luis Jover, Juan Alberto Arteche, Wafir Shaikh, Melina Liberati, Cristina Mimiaga, Vicky Luna, Ismael Sánchez, Gema Rizo, Luis Vincent, Pablo Arribas (perdigón), Mar Collado, Pedro Blanco, Josean Korral, Jaime Medina, Manuel Terán, María Paula Baudés, como lo ves, Alejandro Romano, amigo y hermano, Martin Acosta, Gema Sánchez, Néstor Lombardi, Beto Garmendia, José Luis Bergia, Clarissa Reggiani, Sandra y Carlitos Dyszel, Ángeles Caamaño, Cristina Díaz, Teresa Stegmann, Josefina y Eduardo Giancaterino, Pilar Ordoñez, Fernando Iñiguez, Estíbaliz Feijó, Fernanda y Mario Trejo, Elisabeth MacManus, Mariano Schuster, Nadia Ceccato, Néstor Barrón, Pili Ró, Roberto Beltrán, Diego del Valle, Romi Marando, Silvia Bastos, Francisco Espinosa, Carlos de Abuin, Víctor Alfaro y cien más.
Oyesssss…… gracias a todos.
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