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Midnight Round Mekines
Javier Bergia: guitarra, bajo, mandola, voz
Fran Rubio: piano
Santi Muñoz: batería
Juan Alberto Arteche: sitar
Gerson Acha: bajo
Raúl Santana: voz
José María Guzmán: voz
Una chica rubia y yo nos cruzamos en un hotel fronterizo. Me gustaron
sus ojos fronterizos al final de una barra de bar de un hotel de
Bayona. Sólo mi guitarra, una de ellas, podía ser
su amiga en esta situación tensa. Sólo en la frontera,
el corazón palpita con ginebra malagueña, salerosa.
Nada hablamos ella y yo y mi guitarra no habla sola. Sólo
mire a su alrededor para darme cuenta que me era familiar, como
si nos hubiéramos besado en una ciudad muda, bajo la marquesina
de una parada pobre. A gatas por el pasillo Salomé sentada
en el sillón. A gatas por el pasillo Salomé sentada
en el sillón. Cuande Fernende septeme esebe pelete.
Tomando una caña en la ciudad
de Morgan
Javier Bergia: guitarra, bajo, mandola, tabla, cajón, voz
Cuco Pérez: acordeón
Marta de la Aldea: voz
Clara Serrano: voz
Buenos días he perdido seis sueños
en este viaje tan largo,
calmen a los pavos, la radio pica
y los calamares,
desayunan bocadillos de almendras
a la luz de luna llena
y tan lejos diez horas de sueño
y todo el día buscando.
Dejaré una canción en la ventana
para cuando llegue la noche,
tu estarás dormida en tu almohada
de espuma y algodón.
Cuánto tiempo he dedicado a ti,
mi mente se confunde con un sueño,
un poco más allá de la playa
estarás tú.
Tomando una caña en la ciudad de Morgan
con el precio de una sola entrada
tocaba el piano en un futuro atardecer.
Caramelo
Javier Bergia: guitarra, bongos, conga, maracas
Antonio Toledo: guitarra
Paco Benítez: bajo
Alberto Pérez: voz
Vivir sin Ti
Javier Bergia: guitarra, mandola, voz
Fran Rubio: piano
Paco Benítez: bajo
Santi Muñoz: batería
María José Hernández: voz
Dos Kilómetros de Paciencia
Javier Bergia: guitarra, bongos, cajón, voz
Fran Rubio: piano
Paco Benítez: bajo
Ismael Serrano: voz
Trataba de conquistar una idea, una dama por los tejados, te deslizas
dormida camino de París. El amor se despide por un momento,
el verano se lo lleva lentamente, te deslizas dormida por los railes
del tren. Mañana la distancia será seria, sería
fácil acortar esas milésimas, convertir ese rumor
en unos pasos, dejar que el tren se vaya sin ti. Te deslizas cansada
por los raíles alemanes, detrás me quedo yo sin tus
caricias suspendido en un sillón de orejas. Así como
lo oyes, así como lo ves. Trataba de conquistar una idea,
una dama por los tejados En Hamburgo te esperan en la radio y yo
me quedo aquí bebiendo horchata, en Alboraya, Valencia.
Neptuno
Javier Bergia: guitarra, bajo, mandola
Santi Muñoz: batería
Marta de la Aldea: voz
Clara Serrano: voz
Viento
Javier Bergia: guitarra, mandola, tabla, cajón, voz
Fran Rubio: piano
Eduardo Laguillo: sarod
Paco Benítez: bajo
Luis Pastor: voz
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Veinticinco años
Javier Bergia: guitarra, bajo, mandola, tabla, cajón, voz
Fredi Marugán: guitarra
Marta de la Aldea: voz
Clara Serrano: voz
Enero
Javier Bergia: guitarra, bajo, mandola, voz
Fran Rubio: piano
Clara Serrano: voz
Ausencia
Javier Bergia: guitarra, bajo, mandola, cajón
Fran Rubio: piano
Jaime Medina: tambor, bendhir
Ausencia de la idea que preciso, de aquello que necesito y que
siempre podré hacer. Ausencia de aquel triste y lejano recuerdo,
de aquél vano afán de vivir un amor sin fin. De que
me sirve beber y beber sin olvidar que también fumo, pretendo
estar en la memoria sin querer de mi olvido. Fue amor, pregunta
que no olvido, fue una aventura bien servida; si acaso fue ahora
esta en la ausencia. De mi querer con los ojos cerrados, borracho
yo en la ausencia de tu ausencia.
Una Mañana Esencial
Javier Bergia: guitarra, bongos, cajón, voz
Fran Rubio: piano
Paco Benítez: bajo
Un cañón de salida y los poetas y pintores escondiendo
la mano que los músicos tocan con oro mate y el tiempo de
cada uno. Y los ojos de millones de estrellas entre contrastes y
aguas varias; tengo el suelo mojado, los pies están duros
y veo las manos a lo lejos con el mundo en los bolsillos. Los mismos
ojos de aquellas estrellas que ocupan todo el cielo que ven mis
nubes cansadas, Nicanor Villalta, toreo pundonoroso, gran estoqueador
y muletero. Qué mañana será el que dice la
brisa, hasta que lugar en el tiempo se traduce una palabra, una
mujer, una ciruela, un periódico, una frontera; que mañana
será el que dice la brisa. Qué cerca de la muerte
está la vida cuando todo está perdido; comentaré
tu vida entre mis pasos, en una merienda de ancianos, casi un siglo
de mil años navegando por una oración sin aire. Despido
a las gaviotas y el aire por la espalda me avisa que amanece. Que
mañana será el que dice la brisa, que mañana
será el que dice la brisa.
Nieves
Javier Bergia: guitarra, mandola, cajón, voz
Paco Benítez: bajo
Jaime Medina: bendhir, gendang
Marta de la Aldea: voz
Clara Serrano: voz
El Frente Minskins
Javier Bergia: guitarra, bajo, cajón, voz
Pedro Torres: saxo
Santi Muñoz: batería
Olas en el mar, casi solo un reflejo, demasiados largos años
para ver como llueve, la selva ahora o nunca. Vivo en una nube,
soy una lágrima tuya, queda una estrella vacía. Vivo
en una nube, soy una lágrima tuya, queda una estrella vacía.
Aire de allá con olor a limón mueve tu pelo seda,
queda una estrella vacía. Cada vez es más difícil
verte volar como siempre. Vivo en una nube, soy una lágrima
tuya, queda una estrella vacía. Olas en el mar, casi sólo
un reflejo, mueven tu pelo seda. Cada vez es más difícil
verte volar como siempre. Vivo en una nube, soy una lagrima tuya,
queda una estrella vacía. Vivo en una nube, soy una lagrima
tuya, queda una estrella vacía.
A una Muchacha
Javier Bergia: santur, efectos
Clara Serrano: voz
Pablo Guerrero: voz
Umar Ibn Abí Rabí'a: texto ( hacia 720 d. C. )
A una muchacha de formados senos invité a tenderse, sin
cojín sobre la arena del desierto. Así lo haré,
aunque no sea mi costumbre. Y cuando iba a despuntar la aurora me
dijo: Me has deshonrado, ahora vete si quieres, o sigue si así
lo prefieres. Pero no hice sino sorber sus encías y entre
charlas, besarla en la boca. Me llené de toda ella. Me envolví
en su vestido de seda y a mis ojos dije: Llorad ahora. Entonces
ella se levantó para borrar con su manto las huellas y buscar
las perlas del collar desparramadas.
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